Recuerdos de aquella encarnación.

Recuerdo este día perfectamente, sostener la espada pensando en lo que ese mismo día me había sucedido en la calle. me había aventurado, desobedeciendo a mi guardián, a ir a la calle, donde un grupo de niños jugaban. Sus chillidos tantas otras veces me habían ‘llamado’, eran como graznidos. Había voces adultas y voces infantiles, muchas risas y muy de vez en cuando algún llanto.La diferencia de la ropa provocó un revuelo, no era tan fastuosa como la de la foto, pero sí distinta a la suya, muchos no tenían. Uno de los jóvenes de unos 14 años se me acercó, parecía el verdadero  príncipe de aquel lugar, y me empujó haciendome caer al suelo,  me dijo ‘ no puedes estar aquí’. Yo sentí rabia porque me vi realmente débil, y luego, durante la fotografía pensaba, lo ridículo que era tener una espada, pues no tenía fuerza para luchar. Mi guardian llegó, buscandome para preparar el retrato. Aquel día definitivamente las cosas cambiaron para mi.

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