Solsticio

NEWGRANGE_ITIMESEn el vientre encontraron cierta sustancia venenosa. No cabía duda que aquello es lo que le había matado. Revolviendo entre sus papeles, me entregaron los siguientes escritos, tras examinarlos no entraré a evaluar la salud mental del tipo en cuestión, simplemente me limito a publicarlos, creo que tienen su punto, aunque muchas veces uno no entiende nada :

“Muy a mi pesar, asumo, en este solsticio eterno en que se ha convertido el tiempo, asumo, muy a mi pesar, asumo, que la incongruencia es la más entrañable de las filosofías, pues de ella depende mi sino, ¿no es mi destino, incongruente? Sabedor soy de que en mi lecho de muerte las trampas continuarán, así somos los humanos, y toda esa podredumbre natural será aún más valiente y saludable que cualquiera de los sentimientos supuestamente nobles que ellos esgriman. Asumo, pues, mi condición vulgar, y desentierro de nuevo la oligoelemental nomenclatura de los poliédricos crisantemos. Escudriño en el oriente, como quien receta para sí mismo una melodia, una ‘chanson’ del medievo. Ah, amigo, crees que por no poder beber del fluor de sus dientes, no puedes acometer atropelios? Permíteme que te comente algo, nauseabundo políglota, en las mazmorras, cuando fornicábamos con la propia esencia, nadie venía a despertarnos en la dura acequía del frenesí. Es lógico que así lo pienses, tremenda energía se desprende de todo ello, pero más arrebatador es llegar a creer que tan vil culpa penetra en la logística de la verborreica insepulta voz. Permíteme que te diga algo, compañero de viaje, los que son como tú, los que emanan la vibración holística, están reñidos, como poetas malditos, con la realidad. Siempre que trates de comprar algún dulce te será arrebatado. Tienes que aceptar esto, nibelungo, acéptalo y continua tu machacar de senos entre polivalentes muescas. Te diré algo más, ahora que parece que las ventosas revientan en tu sien, el prodigio de la marmota consiste en saber esperar la venganza del karma sabio, sí…. es su respetable paciencia la que hace de cada uno de sus labios un pronunciador de paz. Ahora bien, no te confundas, la migraña y la sarnosa longitud de sus dedos acariciarán siempre la sobrasada hecha de lentejas, comino y membrillo que es su lugarteniente cerebro.

En la sinrazón, oropéndola de sus costumbres, estallan de continuo las formas y normas del solsticio. Como un ave maría o un laudamoste, engreído y amorfo, salpicando endiabladamente cada brote verde escogido al azar. ¿Dónde están los límites de sus malformaciones? Ubi sunt los correveidiles de su nigromántica salutación? Os diré algo, en estos caminos de vagabundo, húmedo y tétrico se empaña el armiño, taladrando congénito como abrecartas que celebran un no sé qué que queda malnacido. Rápido es el culmen, latigazos de un reventar apocaelíptico, sembrando sobre la lóbrega alquimia, un laud de finisterres empañados. Hay belleza en esos cuadros, y magia, cierta creencia ancestral que nos envenena como huracanados vocablos, longitudinales, impertérricos, polivalentes, supinos, repetitivos. Es un almizcle, que serpentea entre lugartenientes coléricos, saboreando la podredumbre de una mañana lóbrega. Es más, entre todos sus sueños, hay un amanecer insepulto, una batiente salutación de homínidos, una zampoñosa correveidile de chupótteros ensimismados, una alquimia divina que sinrazón alguna, sanguijuelea el aire como esparcido en un vientre descomunal. Columnas aristotélicas caen ante ese placebo. No es de extrañar que las libélulas de su mente mancillen el estrecho caminar de su pesado vientre. No es de extrañar que la algoritmica magia de sus cerebros depositen una verborrea alquímica de vez en cuando entre tanta majestuosa repetición. es más, es un canto monotemático, un ancestro polivalente, un ecuestre caballero sin capa, sombrero que vaga herrumbre entre naturalezas muertas. Yo diría que su apellido es familiar, diría tantas cosas insepultas… pero callaré, cerraré las puertas del infierno que amenazan con volver decrépitos todos los lupanares aristotélicos. Ay santo embrión, tu sonrisa complice revela la lúgubre sonata per chitarra que ponzoñeas en tus cloroplastos mefistotélicos. Crees con ello apalabrar algún acuerdo mágico, crees con ello, menesteroso, acudir a los sueños de los hombres? Válgame Neptuno, tus escupitajos son síntoma de una débil placenta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s