Primavera 2013

ImageLes poetas somos mu pesaes, narcisistas, y cuando llega la primavera, apaga y vámonos, no hay quien nos lea, no podemos evitarlo, somos ‘sensibles’, seguro que cumplimos alguna función biológica que afortunadamente desconocemos, de saberlo iríamos predicando la necesidad que tiene el mundo de nosotres, pero es así, la primavera, ese orden natural que regenera todas las cosas, que hace descapullar capullos, que hace brotar fuentes de energía telúrica, si tal cosa existe. Primavera, que llena de color sueños y formas, iris y arcos, nos transforma a les poetas en seres alterados que como bestias poseidas de belleza, vomitamos ángeles que nos dejan transidos. Todo reverdece, en efecto, y nuestra fuerza, la que domina nuestros dedos, es el mismo alma que llena de flores los campos, sentimos el borboteo y trinar de la alegría, una felicidad y dicha irracionales, nos quedamos como zombies esculpiendo versos ensimismades, extasiades musicalmente en algún sonido, formamos parte del proceso y lo cantamos, a gritos o en silencio, lo expresamos, necesitamos darle la bienvenida a la primavera, necesitamos contarle al mundo lo que es evidente, como niñes que señalan la luna con ojos platerescos informando a su familia de semejante descubrimiento, ya sabe todo el mundo que la primavera ha llegado, y aún así, lo decimos, suenan vigorosamente melosas nuestras arpas, nuestras flechas escúpidamente son lanzadas al azar buscando Dianas como polen buscando nasalidades. Hay cierta violencia en todo esto, cierta inevitabilidad que aún siendo común al resto de las estaciones, en ésta, el tren llega tan cargado de chirriantes psicodélicas vibraciones, que muches son los que se tiran de puentes sin paraicadas, abandonan sus casas. Autistas del mundo! la primavera nos vuelve siniestramente sociables, esplendoroso es el brillo de nuestros ojos, nuestros corazones, emiten destellos azules que fosforescentean nuestra habitual pedantería a tal punto que nos autoemcumbramos en delirios olímpicos. Y os aseguramos, terrenales humanos, que el resplandor de nuestras constelaciones nos deposita sobre la faz lujuriosa de nuestra epicrisis como libres, liberados aves planeantes de libertad.

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