Nunca es ‘solo música’

El discurso es: “Yo solo hago música, no me interesa la política, lo mio es solo música”. Esto es imposible, extensible al mundo del arte, nunca es ‘yo solo hago arte’.  El arte siempre cumple una función social, en la mayoría de los casos que conozco, es una función al servicio del sistema criminal. ¿Cómo así? Tomemos el ejemplo de la música, alguna canción de rap social o reggae, letra comprometida. ¿Al servicio del sistema criminal? Se produce una catarsis, escuchamos esas canciones, nos sentimos identificadxs, nos representan, nos liberan. Creemos que hay un cambio de conciencia, canciones que nos hacen pensar ‘de otra manera’. Pero el cambio no se produce, igual cambiamos nuestro discurso cuando hablamos con las personas, nuestra ropa, adoptamos cierta pose antisistema pero a la hora de la verdad, nuestro consumo, nuestro día a día, nuestro estilo de vida, ¿cambia? Nos volvemos más solidarios, ayudamos en asociaciones, vamos a conciertos ‘solidarios’. Toda esa acción guarda cierto paralelismo con la catarsis puntual de alguien que se libera escuchando cierta canción. Antes de continuar: dejar bien claro que las acciones solidarias que llegan y ayudan a personas desesperadas, perdidas, pues son acciones reales, indiscutibles, y eso no se puede despreciar. Ni toda la lucha diaria que conlleva, la organización, esfuerzo, trabajo. Pero no es de eso de lo que hablo. Hablo de las liberaciones puntuales. Por un lado nacemos en un sistema criminal que va produciendo presos físicos o mentales, víctimas. Por otro hay una acción musical o solidaria que va realizando pequeñas y puntuales, individuales liberaciones. Estas liberaciones hacen ‘soportable’, amena, la vida. Cumplen una función social, pero ¿a quien sirven?. Acordémonos de los esclavxs africanos cantando para tolerar su esclavitud. Pensemos en los que no cantan.  ¿De quién viene la liberación? De los que no siguen el juego.
Volvamos a nuestro presente, un artista solo hace música, su misión es que su público se lo pase lo mejor posible. Que disfruten de la música, la belleza, la poesía. Y generalmente es así, el publico disfruta, se olvida de sí mismo, y al día siguiente, lo msimo que pasa con el fútbol, regresamos al trabajo o nuestras vidas de paradxs con cierta sensación dulce, agradable, fruto de la liberación puntual que se va transforando en agridulce según avanza la semana. Y vuelta a empezar.
Entonces, ¿qué arte o música no está al servicio de este bucle criminal? Aquella acción artistica con un plan social, un plan político, y por político quiero decir organización social libertaria. Es decir, que un artista puede, absolutamente libre, por ejemplo,  realizar una performance consistente en coger piedras del suelo, lamerlas y tirarlas de nuevo. Si este acto ayuda a una maquinaria revolucionaria, por ejemplo: ha movilizado gente que consume en una barra donde el dinero se dirige a una cooperativa integral, entonces ese arte ya no está completamente al servicio del crimen mundial. Digo ‘completamente’ porque aquí todxs estamos en el mismo barco, la acción revolucionaria nos lleva en una dirección distinta de la del sistema criminal imperante, pero seguimos estando en ese barco y en el mejor de los casos, nuestra revolución es gracias a ese barco, pues en ese barco criminal nacimos. No digo que estemos agradecidos al sistema criminal por habernos proporcionado un sistema que nos mantiene con vida, nos hace llegar la información que nos permite abandonar ese sistema. Digo que seamos plenamente conscientes de para quién trabajamos, si es que queremos ir en otra dirección.

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